27 de agosto de 2016

De lo que le aconteció a mi contrato y otras desventuras de la publicación

No lo anuncié por aquí porque todo este asunto ha sido una chapuza desde el primer día, pero desde hace varios meses hay una antología (decir que “está a la venta” me parece mucho aventurar) publicada con un relato mío. Sí, en papel. Sí, mi primer publicación en papel. Pero como quien me sigue en twitter sabe a estas alturas, ya ni me hace ilusión, ni estoy orgullosa, ni presumo del relato. Como alguna gente en el Celsius me preguntó por el tema, y porque tengo muchísimas ganas de desahogarme de una vez, aquí está por qué estoy tan enfadada y decepcionada con Contos Estraños, la editorial que convocó la antología. Quería esperar a que todo el asunto estuviese cerrado, pero como van cuatro meses y se sigue alargando, ya no me importa.

Contos estraños urco ciencia ficción galego

Contos Estraños es una editorial pequeña, ahora unida a Urco editora. Es la única editorial que solo publica ciencia ficción, terror y fantasía en gallego. Además de las publicaciones regulares, convoca una antología (que llaman revista, pero es una antología de relatos cortos) cada seis meses, más o menos. Hasta hace un año su único propósito era tener corpus de estos géneros producido en gallego, pero yo me presenté a la primera convocatoria temática: apocalipsis.
No tuve que escribir nada para ellos: tenía un relato empezado que encajaba en lo que pedían. Lo terminé, lo repasé, con ayuda de Sabela González y su infinita paciencia conmigo lo traduje y lo envié. Dentro de plazo, por una vez. El plazo terminó el 29 de febrero.

El 20 de abril, más o menos, dos conocidos que tienen cierta relación con la editorial (uno no sé qué relación tiene, otro publicó un par de relatos en otras antologías) me dieron la enhorabuena: habían elegido La biblioteca sin ventanas para entrar en la antología. No fue la editorial, fueron ellos los que me avisaron. Porque, a pesar de que la convocatoria es pública, los nombres de los participantes en las antologías los anuncian en un grupo cerrado de facebook que no podía leer.
Antes de hacerme ilusiones y dejarme llevar por la alegría, presumir y estas cosas que tienes que hacer con tu primera publicación, esperé a que la editorial me lo confirmase oficialmente. Yo solo tenía la palabra de dos conocidos, no sabía si debía fiarme del todo y prefería esperar a que me lo dijese la editorial. Y ya pude esperar.

Una semana y pico después, el primer mail que recibí de ellos era uno con sugerencias de cambios de estilo. Se habían olvidado de avisarme. El mail, del 25 de abril, además, venía con mucha prisa porque querían tener el libro corregido, impreso y a la venta para la presentación en la feria del libro de Santiago de Compostela el 7 de mayo. Corregir, maquetar e imprimir una antología en 13 días. Pregunté a gente que sabe cómo funcionan otras editoriales y, efectivamente, es un plazo muy pequeño y no se suele hacer así.
No le hice mucho caso a las sugerencias de estilo. Les di un toque de anteción porque me habían cambiado el título del relato (yo jamás diría “xanela”), comprobé que no habían cambiado el registro que había usado (yo quiero el normativo más llano, no uso ningún grado de reintegracionista) y les di el ok.
Lo di todo por terminado. Había sido corto, había sido frío, pero sin más.

Hasta que un día antes de la “presentación” del libro en Santiago me envían otro email con mi primer contrato editorial. De eso hace casi 4 meses. Hoy en día, sigo sin contrato.
Lo primero que recibí fue un modelo sobre el que podía cambiar lo que no me pareciese bien. Hubo un par de puntos que quise cambiar: tenía que ceder los derechos del relato durante 10 años y las obras derivadas de él (traducciones, por ejemplo) las gestionaba y las aprobaba el editor. No firmaría 10 años de cesión de derechos (totales, el contrato no diferencia entre digital y papel) ni por una novela. ¿Dónde estaré dentro de 10 años? ¿Dónde estarán ellos dentro de 10 años? Si resulta que el relato gusta y ellos cierran, hasta el 2026 ese relato es intocable. Además, ¿para qué quieren tener derechos sobre mi relato durante 10 años? ¿Para qué? Ni es tan bueno ni se le acerca.
Propuse cambiarlo por 3 y añadir la posibilidad de prorrogarlo si lo necesitaban. Dijeron que sin problema. También dijeron que ese contrato era un modelo estándar de la asociación gallega de editoriales, que me parece muy bien, pero también me parece una salvajada para un relato. Pregunté por las traducciones, dijeron que también sin problema.
Entonces me senté a esperar a que me enviasen el contrato en papel para firmarlo de verdad. Además de la copia de la antología que me tocaba por haber “ganado” la convocatoria, pedí tres ejemplares más. Uno para mis suegros, otro para la biblioteca de mi pueblo y otro por si acaso. E hice bien en sentarme a esperar.
En junio, un mes después, mientras estábamos en unas breves vacaciones en mi pueblo, un mensajero me llamó con mi paquete. Cuando a la semana siguiente volví a Castellón y abrí el sobre y me encontré con mi contrato, tuve sentimientos encontrados. Por un lado, está impreso en una fuente preciosa en un papel grueso y bonito. Por otro lado, los 10 años de cesión de derechos seguían estando impresos en él.
Avisé de que había un error, y me dijeron que lo corregirían. Estoy escribiendo esto a finales de agosto y sigo sin contrato. Y no hay excusa de que correos va lento porque el cartero está pasando todos los días y estoy recibiendo otras cosas y ellos envían con mensajero.
Todo esto, mientras me agregaron a facebook dos de los editores y uno lleva meses presumiendo de sus fotos de vacaciones.


Y aquí sigo esperando. Completamente desencantada con la editorial, con el relato y con mis ganas de publicar en papel. Por desgana dejé de presentarme a un par de convocatorias diferentes con otros relatos, y solo la presión de Twitter hizo que me fiase de Saco de Huesos y al final envié uno a la convocatoria de zoocriptología, que todavía está sin fallar. Siguen saliendo proyectos, y el próximo (es casualidad) será autopublicado. Tengo cosas apalabradas con otra editorial pequeña, pero me fío de ellos. O por lo menos tengo la suficiente confianza con ellos para pegarles cuando me los encuentre en alguna convención si me hacen algo parecido.

El problema y el enfado con Contos Estraños lo centralizo en el contrato, pero se han ido juntando problemas desde el principio. Empezando por que se olvidasen de avisarme de que entraba en la antología. La presentación fue una mentira. Avisaron con una semana de antelación, por lo que ir desde Castellón era imposible, e hice bien en no ir: no fue ningún autor más y creo que tuvieron como media hora para hablar de cuatro libros, y por lo menos uno era de uno de los editores. No creo que le hayan dedicado más de 5 minutos.
No hay una imagen decente en todo internet de la portada: la editorial, para enseñarla, usó una foto de un par de ejemplares en la feria del libro.
Antes decía que no me aventuraba a decir que la antología estaba a la venta. Está disponible para vender, sí, pero se le ha dado tanta publicidad que me sorprendería que se hubiesen vendido más de 10 ejemplares, sin contar con los autores y sus familiares. En facebook lo último que hay anunciado de ella es que se cierra el plazo para presentar relatos. En google hay 3 resultados relacionados, uno de ellos la página de la wikipedia de la editorial. Ni una reseña. Ni una nota de prensa. En la búsqueda por imágenes, aparece, solo una vez, la portada (a tamaño 300x500). Para el mundo, esta antología no existe.

Después de casi cuatro meses, no es que no me sienta dentro del grupo de escritores que tienen en facebook, que se conocen, se hablan y se reúnen de vez en cuando, porque nunca quise formar parte de él. El problema es que me siento ignorada. Han cogido lo que les interesaba, el relato, y con el texto en la mano ya no hace falta tenerme en cuenta nunca más. No importo, no hay que guardar ni el mínimo protocolo de educación, despacharme y seguir con otras publicaciones.
Por su parte, veo algo más que desidia. Porque no solamente puedo quejarme en los plazos relajados de tiempo, que me envíen el contrato cuando hace un mes que el relato está impreso y vendiéndose. Que intentasen cambiar el título me desconcertó y me enfadó a partes iguales. ¿Por qué? ¿Por qué sin consultarme? No se cambian todas las “fiestras” de un texto por “xanelas” sin querer. ¿No me avisaron por si no me daba cuenta? ¿Cómo iba a no darme cuenta? De enfadarme también han tenido el detalle de añadirle un pie de foto “gracioso” a mi presentación (como hacen en todas): “Anxo preguntándose quién cogió la petaca que había escondido en el libro”, cuando soy abstemia declarada.
A veces me parece, viendo los autores que entran en antología tras antología y los que más novelas tienen publicadas con Urco o con Contros Estraños, que interrumpí en una fiesta de amigos. Que ellos eran y son felices intercambiando e imprimiendo sus cuatro cosas, y les mandé un relato que no les pareció mal. Pero que no dejo de ser una extraña en una fiesta ajena, que no soy bienvenida ni lo he sido nunca. Me siento engañada, porque la convocatoria era pública y nadie me avisó. Como decía antes, no han tenido ni la educación de servirme una copa e invitarme a irme.
Pero ahora sé que es un local privado y que no hay más sitio dentro aunque la puerta parezca abierta.
Que lo han hecho todo mal. No soy capaz de sacar una sola experiencia positiva en estos cuatro meses.

Creo que, salvo que le hubiese enviado el relato a Atlantis, no podía empezar a publicar de peor manera.


PD: Solamente he recibido dos opiniones del relato. Uno, del primero que leyó la antología entera. Dice que tiene "final abierto, es el germen de una novela". No. No es germen de nada y no tiene el final abierto. La otra, mi suegra, dice que le gustó mucho y le gustó y frustró a partes iguales el final precipitado. Pero es mi suegra, qué me va a decir.

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24 de agosto de 2016

La hora de los desterrados, de Pablo Bueno

Hace poquito más de un año traía la reseña de La piedad del primero, primera novela de Pablo Bueno e inicio de la trilogía que hoy continúo con La hora de los desterrados. Como estaremos hablando del segundo libro, es posible que caiga algún spoiler más o menos grande del primero. Si no has leído el primero, hazme el favor de entrar en el link y leer la novela.

La hora de los desterrados reseña

Durante La piedad del primero asistíamos a la formación y crecimiento de Marc y sus cuatro compañeros. Los vimos crecer como personas y como guerreros, y formarse hasta convertirse en las armas más valiosas del Emperador, inquisidores.
Pero no todo salió como el Emperador quería. Marc, con ayuda de una bruja, una enemiga del imperio, descubrió que los fundamentos en los que se asienta el poder del Emperador eran falsos. Los conocimientos sobre su historia, su religión y su mundo se tambalearon y luego se desmoronaron.
La hora de los desterrados empieza justo en ese punto: Marc es un rebelde y un enemigo del Imperio, cuya misión es enfrentarse al Emperador. Pero como en un enfrentamiento directo jamás ganaría, necesita aliados y sembrar la duda entre el pueblo.
Y esto es lo que desencadena este segundo libro. Ya no veremos el Monasterio y apenas visitaremos las ciudades que ya conocíamos, si no que acompañaremos a Marc, a Alba, a Phillipe y a un grupo de exiliados más en la búsqueda de la revolución, mientras la amenaza del Emperador les persigue por los bosques, por las ciudades clandestinas e incluso más allá de las fronteras donde gobierna.

La hora de los desterrados es una novela más oscura y pesimista que La piedad del primero. Las transformaciones que los personajes sufrieron hacia el final del primer libro los dejan marcados durante el segundo. Marc ya no es un caballero blanco convencido de que solo hace el bien, es un soldado que protegerá la verdad a pesar de saber que está poniendo en riesgo su vida y de quienes lo acompañan y consciente de que va en contra del pensamiento mayoritario. Carga sobre sus hombros la responsabilidad de exponer las mentiras sobre las que se sostienen el gobierno y la religión, aunque pueda costarle el ridículo, el exilio o la vida.
El paisaje también se transforma. Los personajes ya no están seguros en los lugares en los que pueden ser reconocidos, así que durante gran parte del tiempo estarán escondidos en bosques o en pueblos y ciudades clandestinos. Casi la mitad del libro se desarrolla de camino entre los bosques, escapando de los soldados que les persiguen.
Por esto, apenas se añaden detalles nuevos al grandísimo worldbuilding que nos dejó ver el autor durante el primer libro. Los personajes no tienen la libertad de adentrarse en regiones nuevas, aunque aún así conoceremos un poco mejor el territorio; incluso partes de él que durante el primer libro no sabíamos que existían.
A Marc le acompañarán Alba y otra bruja, a quien conoceremos casi recién empezada la novela. Alba también sufre las consecuencias de la misión de Marc y se convierte en una doble desterrada, y a pesar de ello no dejará de acompañarle ni de luchar por lo que creen. El personaje de Alba crecerá enormemente a lo largo de este libro. Crecerá su relación con Marc, pero también con las brujas y con el resto del grupo que los acompaña. Alba termina de desenmascarse, y si en la primera parte habíamos visto a una bruja fría y manipuladora, en La hora de los desterrados podemos conocer sus motivaciones para apresar a Marc al conocerlo y quién hay detrás de esa fachada que mantuvo durante sus primeros días juntos.
De los cuatro amigos que hizo Marc en el Monasterio, solo Phillipe le acompañará en su aventura; perder amigos y ver cómo toman decisiones y bandos contrarios es una de la cosas más dolorosas de esta segunda parte de la historia. Pablo Bueno, durante La piedad del primero, nos había hecho encariñarnos también con Gaulton, Jean y Mathius, y durante La hora de los desterrados nos aleja de ellos, haciéndoles tomar rumbos muy diferentes. Identificar a quien considerabas casi un protagonista con un mercenario enemigo es duro.
En La hora de los desterrados el ambiente es menos alegre. No se encuentran con la aristocracia, no cumplen misiones y no tienen casi ninguna victoria. No podemos contar con recepciones reales, exhuberante protocolo ni duelos elegantes; más bien con escaramuzas, huídas por la noche y negociaciones con ladrones y criminales.
Ya no habrá victorias sobre los monstruos mitológicos que aparecieron durante el primer libro. Los personajes ya no tienen tiempo para ellos; y los que apareceran serán mucho más terribles que un troll o un hombre lobo. A pesar de ello, como dije en la primera reseña, tengo muchas ganas de conocer mejor los horrores que guardan los mares, aunque acepte que los personajes no tienen tiempo para ello en esta parte.

La hora de los desterrados da un gran giro a la historia de Marc y del mundo presentado en la primera parte de la trilogía. Los personajes afrontan las consecuencias de sus actos, actúan y crecen en consecuencia. Y, de nuevo, Pablo Bueno despide el libro con un cliffhanger que nos hace desear que La astucia del vencido esté ya disponible.
Espero que, como con esta segunda,parte, no nos haga esperar demasiado para ponerle conclusión a la trilogía.
Y que no le dé por cerrarla con otro cliffhanger como este, porque en vez de jalearlo en el Celsius tendremos que gritarle.

La hora de los desterrados es la segunda parte de la trilogía La piedad del primero (Sportula) (ISBN: 9788416637157). La continuación se llamará La astucia del vencido y de momento no tiene fecha de salida.
Gracias Sportula por hacerme llegar un ejemplar para hacer la reseña. Y para calmar el hype, si somos honestos.

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16 de agosto de 2016

Feminismo, mujeres y Celsius

Feminismo escritoras Celsius 232

Por un proyecto del que de momento solo puedo crear hype, sabía que este Celsius iba a centrarme especialmente en la presencia femenina, y quería fijarme en qué se decía de feminismo, presencia femenina y escritoras. 2015 y 2016 están siendo años muy intensos para el feminismo. En redes sociales seguimos con el GamerGate, que de vez en cuando la lía para recordarnos que no se ha zanjado el tema; los Sad Puppies han tomado los Hugo y en España se ha montado la polémica con las nominaciones a la Semana Negra de Gijón, donde, entre casi 20 nominados, no aparece ninguna mujer.
Sabía que, de una manera u otra, el tema tendría que salir en Avilés.
Ha pasado el festival y después de dejar unas semanas para que se asentase todo, el balance es positivo. No ha habido polémicas feministas ni de inclusión femenina en el festival. Pero vamos por partes:

Asistí el primer día con especial interés a la mesa redonda Mujeres y ciencia ficción. Participaron escritoras muy diferentes en cuanto a experiencia (Elia Barceló y Nieves Delgado, por ejemplo), temática (Felicidad Martínez y Laura Fernández) e intereses (Lola Robles, que destaca más su producción académica que narrativa), moderadas por Sofía Rhei. Como señaló Elia Barceló, además, era la primera mesa redonda de esta temática formada únicamente por mujeres.
Empezaron con Lola Robles adelantando los resultados de una investigación que está llevando a cabo para encontrar y situar escritoras de fantasía y ciencia ficción en España desde principios de siglo. Tienen muchos nombres y obras localizadas, y así como esté publicado el estudio y la antología que derivará de él voy a ir corriendo a echarle un ojo. Son muchos nombres de muchas mujeres olvidadas las que tienen ya recopiladas.
Después de su intervención, empezó el debate. Tengo que admitir que los temas escogidos por Sofía Rhei para tratar la mesa redonda no me gustaron (y fue una constante a lo largo del festival), y durante la primera mitad la charla cayó en muchos lugares comunes y en opiniones manidas. Sofía Rhei preguntó por la capacidad de las mujeres de expresar emociones frente a los hombres o sobre si las escritoras no tendían tanto a la aventura y escribían sobre temas más rutinarios; durante unos minutos parece que nadie quiso llevarle la contraria e intentaron encajar las respuestas sin chocar de frente contra las preguntas. Sin embargo, Felicidad Martínez se atrevió a expresar que no le estaba gustando el enfoque y el debate se avivó. Me quedo con la conclusión de Nieves Delgado de que tenemos claro que a las mujeres les interesa lo que escriben los hombres y ahora tenemos que conseguir que a los hombres les interese lo que escriben las mujeres; la reflexión de Felicidad Martínez de que a las mujeres puede gustarnos la violencia y la destrucción, que no son cosas propias y únicas de chicos; y la reflexión de Laura Fernández sobre que se fomenta desde pequeños que niñas empaticen con personajes masculinos pero no que los niños lo hagan con los femeninos.

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La siguiente mesa redonda de temática únicamente femenina fue uno de los últimos actos del Celsius, con Claire North y Francesca Haig, otra vez moderadas por Sofía Rhei. Nos habíamos creado bastante expectación con ella, ya que se titulaba “Grandes damas de la ciencia ficción” y pensamos que hablarían de otras escritoras. Francesca Haig había admitido no ser una lectora de género, y pensamos que Claire North, directa, sarcástica y que ha nacido en él, la iba a dejar en ridículo. Sin embargo, hablaron de sus propias obras y visiones de la literatura... y entonces salieron temas interesantes que no esperaba.
Sofía Rhei pregundó por la maternidad, a lo que Francesca Haig dijo que en su trilogía era un tema tan importante que vertebraba la trama. Sin embargo, Claire North quiso despegarse de su obra y personalmente hizo una reivindicación de todas las mujeres que no quieren tener hijos y no por ello son menos mujeres o menos importantes.
Desde el público les hicieron varias preguntas. Como Francesca Haig escribe literatura juvenil y parte de sus lectores estaban allí, le preguntaron qué opina sobre la representatividad de las minorías en el género, y contestó una de las pocas cosas con las que he estado de acuerdo con ella en este fin de semana: es necesaria la presencia y variedad de todas las razas, orientaciones sexuales y caracteres en las historias, no solo en la literatura. Esta variedad es parte de la realidad, dejarla fuera a propósito es limitar el mundo de cada obra.
El único punto en el que Claire North y Francesca Haig hablaron y estuvieron de acuerdo (en el anterior, por ejemplo, Claire North no tuvo turno de palabra ¯\_(ツ)_/¯ ) fue cuando les preguntaron por los avances en la tecnología aplicados a humanos. No estoy segura de que la pregunta fuese por ahí, pero Haig volvió a hablar de la maternidad y de las posibilidad de la concepción sin hombre. Claire North estuvo de acuerdo y ambas se preguntaron sobre qué papel jugaría el hombre en una especie que ya no lo necesita para su supervivencia. Es decir, qué pasaría en un mundo en el que las mujeres son completamente independientes en su sexualidad y en su capacidad reproductiva.

Feminismo escritoras Celsius 232

En muchas otras ocasiones se habló de escritoras o de personajes femeninos en la literatura. Aunque no tuvieran una mesa propia, varias mujeres estuvieron presentando su obra, como Elia Barceló (que tuvo dos paneles para ella, uno sobre su producción para adultos y otro de juvenil; además de los conjuntos) o Cristina Fernández Cubas, cuyo panel se aprovechó para sacarla de la literatura mainstream y reivindicarla para el género de manera oficial.
Sin embargo, eché de menos estos temas en las charlas de los grandes autores invitados. Abercrombie, McDonald, Morgan o Mitchell (aunque ya os habréis enterado de que Mitchell leyó un relato) solo hablaron de su obra y de sus temas, sin entrar en personajes femeninos, nuevas exigencias de los lectores ni representatividad o variedad en los personajes. Habiendo leído (parte de) la trilogía del Mar Quebrado y habiendo escuchado cosas de La primera ley, sé que Abercrombie tiene capacidad y costumbre de crear personajes femeninos originales y activos; pero no conozco la obra del resto de escritores y me hubiera gustado que hablasen de ello. Me gustaría saber la opinión de quienes llevan tanto tiempo escribiendo y se han encontrado en medio de la apertura del género, de la popularización fuera de los grupos prototípicos frikis masculinos y de cómo creen que ha envejecido su obra. Tengo que admitir que hay algunos autores que por prejuicios míos me da mucha pereza abordar, pero si me aseguran que llevan 10 o 15 años con protagonistas femeninas, con personajes originales o con temas feministas, me venden su obra y esta entra en la pila. Tristemente, me fui de sus charlas sin tener la sensación de haber descubierto un iceberg con un montón de novelas bajo la superficie.

Como le pregunté a Cristina Macía para el podcast, los organizadores no tienen manera de contabilizar los asistentes, y mucho menos saber qué porcentaje es masculino y femenino, pero a ojo creo que está bastante repartido. Salvo en las firmas de escritores de juvenil, que gana como siempre la presencia femenina, me ha parecido que estábamos a más o menos partes iguales. Algo que choca con la idea de que la ciencia ficción y la fantasía son guetos de chicos. Éramos muchísimas chicas, de todas las edades, entre el público.
La presencia en el cartel es algo diferente. Aunque como Cristina Macía nos dijo en el podcast, hacer un cartel partitario no sería fiel a la realidad editorial. Aún así, el porcentaje de escritoras ha sido bastante alto comparado con otros festivales.
El primer día, antes de la mesa redonda sobre mujeres y ciencia ficción, se presentó la antología Visiones 2016, donde se ofrecieron datos de participación. Desde hace un tiempo llevo viendo unos porcentajes parecidos, en cuando a publicaciones y presencia femenina, que varían entre el 70-80% masculino y 30-20% femenino. Parece que la participación y publicación en la edición de este año entran dentro de esos porcentajes, y las autoras en el cartel del Celsius también. Los premios Kelvin 505 se han repartido a partes iguales entre hombres y mujeres; un porcentaje que sí es anómalo.

Feminismo escritoras Celsius 232

Como reflexión final, me quedo con que no hubo voces contrarias al feminismo. Se habló en positivo del tema o se omitió, pero creo que salvo un pequeño destello en la charla de Kevin J Andersen (no estuve presente, pero me pareció entender en alguna reseña algo de cómo su mujer se encargaba de las partes emocionales de sus novelas) o algunas preguntas de Sofía Rhei en las mesas (las mujeres y su emotividad, las mujeres y las tareas rutinarias/domésticas, maternidad, etc.), no ha habido debate. La visión que subyace es la afín al feminismo, aunque no se explicite en todo momento y en todas las conversaciones. Que hayamos sido tantas chicas entre el público y que nadie se haya sorprendido es también un síntoma buenísimo de por dónde estamos avanzando.

He salido con muy buenas impresiones del Celsius. Sobre todo, la impresión de comodidad y de seguridad. Es un ambiente en el que somos bienvenidas, en el que nuestra opinión y presencia se tiene en cuenta. No hay caras raras ni comportamientos forzados, como en otros lugares. No es un gueto cerrado lleno de naftalina y con sucursales de los Sad Puppies que no nos dejan divertirnos con ellos. Al contrario: el Celsius ofrece un ambiente abierto y relajado en el disfrutar sin prejuicios, sin más pretensiones que escuchar, hablar, y leer.

*Todas las fotos son las oficiales del Celsius 232.


Suficiente blog por hoy. ¡A escribir!