18 de abril de 2017

La carrera, de Nina Allan

Dos universos, uno metido dentro de otro, cuyas historias se alternan para mostrarnos pedazos de vidas de sus protagonistas. La carrera se divide en cinco capítulos, ligeramente conectados entre sí, y que tendremos que ir relacionando a medida que avance la lectura.
Jenna vive en un mundo medioambientalmente estropeado, con su familia y los perros biónicos de carreras que son el centro del mundo de su hermano. Dentro de Sapphire pero unos capítulos más adelante, avanzaremos en el tiempo para conocer a Maree y el otro lado del mismo mundo. Maree parte de La granja para seguir su formación como persona altamente empática. En el mundo conocido por nosotros. Christy aprender a crecer y a romper los lazos que le unían a su familia. Tiempo después, Alex vuelve a traernos a Christy a las páginas para cerrar un capítulo que ella dejó abierto.

La carrera Nina Allan reseña

Nina Allan recrea cinco momentos clave en las vidas de los protagonistas de cada capítulo. Nuestro trabajo es ir recogiendo las pistas que nos deja para poder enlazar a todos los personajes y que la obra cobre sentido. Todas las historias están ligeramente conectadas entre sí, aunque Nina Allan no concibe la obra como un acertijo; más como un puzzle con piezas que encajan fácilmente a través de pequeñas revelaciones.
La voz que crea la autora para narrar cada una de las historias es increíblemente detallista. Le gusta detenerse en cualquier pequeño momento que pueda añadir relevancia o profundidad a los personajes o a los ambientes. A veces es tan detallista que parece que el lector pierde el hilo de la historia, aunque se recupera unas páginas después.
Sin embargo, no encontraremos largas disertaciones que expliquen el mundo ni caerá en una saturación de información: la voz narrativa va creando la historia, va haciendo entrar al lector en cada uno de los mundos como si se tratase de un monólogo, una conversación en la que no podemos contestar; de una manera informal y natural, saltando de personajes, tiempos y temas.

Sin embargo, La carrera no ha funcionado para mí. He encontrado el detallismo de Nina Allan excesivo e irrelevante en gran parte de los capítulos. Las historias me han resultado estáticas y demasiado lentas. Pero sobre todo, no me ha gustado el poco peso que tiene la ciencia ficción en la obra en general y en cada capítulo en particular. Esperaba más ecología, un mundo más diferente al nuestro y más elementos fantásticos. Nina Allan pasa de puntillas por los perros biónicos y Maree tampoco termina de entrar en un mundo que se antojaba precioso pero en el que la atención se la llevan los personajes. Christy y Alex viven en nuestro mundo y no hay ningún elemento fantástico en él con el que disfrutar.

 La carrera de Nina Allan está publicada por Ediciones Nevksy (ISBN 9788494591372)
*Muchas gracias a Nevsky por facilitarme un ejemplar para reseñar.

22 de marzo de 2017

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

En El cuento de la criada seguimos a Defred, una mujer, criada, encerrada en una institución junto a otras criadas bajo la supervisión de su Comandante, las Marthas que las guían y las Esposas de los Comandantes que las acompañan.
Defred, que ha perdido su nombre y le han puesto uno que suena a posesión, vive bajo un régimen de terror en el que cualquier descuido, cualquier gesto malinterpretado puede costarle la vida. En un mundo en el que la mayor parte de las mujeres y hombres (aunque ellos jamás lo reconocerán) son infértiles, a Defred se le permite vivir solamente por el valor de su útero y de su capacidad reproductiva. Defred sigue viva, sigue comiendo, durmiendo y teniendo un techo, porque puede darle un hijo a una pareja poderosa que no puede. Pero el tiempo se le acaba y, o se queda embarazada pronto, o intuye qué harán con ella.

Cuento de la criada reseña

Margaret Atwood firma una distopía que, pese a que en la literatura anglosajona se le considera un clásico, llevaba muchos años descatalogada en España. Antes de empezarla busqué ejemplares de segunda mano por si acaso, y online estaban entre los 200 y 400€. Dicen que Salamandra sacará una edición nueva a la venta durante abril de 2017, pero estamos avanzados en marzo y aún no he escuchado ningún dato oficial. Lo que sí sabemos es que Hulu va a empezar a emitir la serie basada en el libro en abril y gracias a ella han hecho la reedición.

El cuento de la criada es una distopía, y aunque cumple con los estrictos puntos que forman el género, tiene varias diferencias respecto al resto de distopías clásicas: la más evidente es el miedo de Defred y el sometimiento hacia sus superiores. En las distopías habitualmente encontramos un rebelde, el protagonista que no se resigna a vivir bajo un régimen totalitario y va rompiendo las reglas poco a poco a ver hasta dónde puede llegar. En cambio, Defred está tan aterrorizada que su única rebelión es solamente de pensamiento: las conversaciones que tiene con el resto de criadas no son abiertamente rebeldes y el personaje que de verdad rompe las normas y escapa del terror no es un personaje activo en la novela, es solo un recuerdo.
Defred solo se permite dudar de pensamiento. Solo se permite escapar imaginando. Incluso cuando tenga la posibilidad real de romper las reglas no lo hará voluntariamente y se excusará en las órdenes de superiores. Quien se atreve a poner en entredicho el sistema, desaparece.
Margaret Atwood crea en esta novela un mundo muy opresivo, frágil y opaco. Las compañeras de Defred vienen y van y nadie sabe por qué. La tensión que rodea a las criadas se vive en cada escena, la presión que recae sobre ellas condiciona absolutamente toda su vida. La escritora además, decide mostrarnos solo retazos del mundo que rodea a la institución de la protagonista: apenas podemos reconstruir la anterior vida de Defred en base a recuerdos incompletos, y podemos imaginarnos la situación política gracias a detalles, porque no será explícita en ningún momento.

Cuento de la criada reseña

Personalmente, no me ha gustado la novela. Se me ha hecho demasiado larga y repetitiva. Como Defred no puede rebelarse, tenemos que seguir sus rutinas a lo largo de varios meses e ir hilando sus pensamientos y sus recuerdos, mientras no ocurre nada en realidad y Defred de la vueltas siempre a las mismas ideas. El mundo que crea Atwood es apasionante, pero apenas nos deja penetrar en él: lo importante es la protagonista y el mundo es solo un complemento. La novela tiene un arranque muy interesante y un final más dinámico que el centro de la novela, que es una meseta de repetición e inacción que se me hizo eterno. Le sigue un epílogo, del que leí cinco páginas antes de quedarme dormida (literalmente) y dar por finalizado el libro.
Entiendo los recursos que emplea Atwood para formar esta historia. Entiendo que es más efectivo mostrar el miedo y la impotencia de Defred impidiéndole actuar o cambiar de escenario que contarlo y permitirle entrar y salir de la institución o convertirse en Moira, pero no ha funcionado para mí. Entiendo que como novela corta, más que como novela larga, eliminando muchas de las escenas de paseo o nocturnas de Defred, es decir, eliminando muchas de esas repeticiones y rutinas, hubiese sido una historia con la que hubiese disfrutado mucho más, aunque quizás esa opresión quedase diluida.
Me han gustado, sin embargo, los temas que toca. Los escritores clásicos de distopías nunca se habían parado a reflejar en sus libros los derechos reproductivos y Atwood hizo una novela de ello. A pesar de que, como estamos viendo, cuando los gobiernos se vuelven hacia la derecha es uno de los primeros puntos sobre los que legislan. Si se dice que las distopías se crearon para advertir sobre lo malo posible, me gusta que Atwood haya puesto el tema en la mesa y haya mostrado de manera tan íntima el problema de dejar de ser una persona y convertirse en el recipiente de un útero válido. Aunque sea en una novela depresiva y agobiante.

El cuento de la criada está actualmente descatalogado. Puede encontrarse en bibliotecas en diferentes ediciones.

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3 de marzo de 2017

Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit

Ser feminista parece fácil. "El feminismo busca la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres". ¿Quién no quiere eso? La teoría es muy fácil, pero en la práctica nos hemos criado y vivimos en un mundo machista y eso entra en conflicto con la teoría. Hemos tenido y tenemos que deconstruirnos, analizarnos a fondo, para encontrar qué creencias y costumbres no-feministas tenemos. Sin embargo, es muy común encontrarse con hombres que se declaran feministas pero la deconstrucción ni se la han planteado. Este análisis es importante para todos, pero sobre todo en ellos, porque el machismo les ha hecho privilegiados y aunque compartimos espacio, vivimos en mundos muy diferentes, con normas muy diferentes.

El feminismo no es un bloque ideológico y hay muchos debates abiertos. Llevamos unas semanas en twitter pidiendo que se nos escuche. Porque los hombres siempre hablan más alto y con más seguridad y tienen la costumbre de interrumpir cuando una mujer está hablando, cuando no de ni esforzarse en entender o que quiere decir. Y aquí es donde encontramos muchas actitudes machistas de hombres que no se han deconstruido, porque llevan el feminismo por bandera pero cuando toca hacer autocrítica (y la autocrítica exige humildad y llevarte algún palo) se la saltan. Hombres que reproducen mantras machistas como “las feministas de antes”, “histéricas”, “así lo estás haciendo mal”...

“Está loca” es el eufemismo habitual para “estoy a disgusto”.
Rebecca Solnit

Lo único que estábamos pidiendo, y que ha avivado debates en twitter, es que los hombres nos escuchasen, que dejasen de tapar lo que teníamos que decir, que dejaran de invisibilizar lo que tenemos que decir. Porque cuando un hombre no deconstruido se declara feminista y empieza a hacer reivindicaciones por su cuenta, nos sale un Dani Rovira en tacones.

Los hombres me explican cosas reseña Solnit

En Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit habla justamente de esto: de cómo se silencia la voz de las mujeres (y de cómo se recupera). Empieza con la historia de un hombre que le habló de su propio libro, sin haberlo leído, como ejemplo perfecto de un hombre que no está escuchando a una mujer cuando ella le dice “lo sé, lo he escrito yo”; porque una de las características de nuestra cultura es dar por supuesto que las mujeres no saben y hay que enseñarles.
Los hombres me explican cosas no está formado por un único ensayo, si no que es un compendio de diferentes piezas que Solnit escribió a lo largo de varios años, todos bajo la premisa de la invisibilización del discurso femenino. El libro no es homogéneo porque van variando los estilos y los temas: tanto nos habla de cómo una camarera de piso terminó con la carrera de Strauss-Khan como explora cómo explora Virginia Woolf sentirse invisible.
Al no ser homogéneo y tener tantos registros y enfoques diferentes, el libro puede parecer irregular aunque su calidad ni interés disminuyen en ningún momento. A pesar de todo, tiene capítulos brillantes que destacan entre el resto: "Abuela Araña" es tremendo, y los tres capítulos finales son el broche perfecto para demostrar que, aunque las mujeres están silenciadas, han conseguido cosas increíbles en las últimas cuatro décadas y que, juntas, vale la pena seguir hablando.

Los hombres me explican cosas se expresa en apenas 150 páginas, pero todas y cada una de ellas son necesarias. Los hombres me explican cosas consigue hacer una panorámica general de nuestra cultura, de cómo se calla a las mujeres y las consecuencias que tiene para ellas: desde vivir escondidas, invisibles en los árboles genealógicos; hasta ser asesinadas por negarle el "derecho" a un hombre a poseerlas. Apenas explora los métodos con los que los hombres silencian el discurso femenino, pero da las pinceladas suficientes para poder reconocerlo cuando ocurre.
Los hombres me explican cosas es un viaje breve, pero intenso. Como todos los libros de Capitán Swing que he tenido en las manos hasta ahora.

Aquí está, esta es la carretera, y puede que tenga mil millas, pero la mujer que camina por ella no está en la primera milla. No sé cuánto tendrá que avanzar, pero sé que no va a retroceder, pese a todo lo que tenga en contra, y además, no camina sola.
Rebecca Solnit

Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit, está editado por Capitán Swing y traducido por Paula Martín Ponz (ISBN: 978-84-945481-4-7).

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24 de febrero de 2017

Acquaforte, de Paz Alonso

Aquaforte nos lleva a una Venecia que se ha convertido en una isla habitable en medio de la niebla. Una niebla que oculta horrores y que no se puede traspasar. Al caer la noche, suena el toque de queda y todos los habitantes deben protegerse en sus casas mientras de la niebla surgen unos monstruos, medio seres medio máquinas, que rodean la ciudad.
Beate es una aiunteri, parte del servicio de la reina. Su mejor amiga, Lara Vimaggio se ha casado con un noble y ambas se encuentran en lados opuestos de la vida social veneciana. Giacomo regresa después de varios años desaparecido de la ciudad y emprende la búsqueda de Beate.
Beate y Lara hacen una pequeña escapada a la laguna, y la noche les cae encima. Se saltan el toque de queda y son testigos de cómo los monstruos salen de entre la niebla... pero parece que no quieren hacerles daño.

Acquaforte Paz Alonso

Acquaforte es la segunda novela de Paz Alonso, y aunque por temática suponía que me gustaría más 20millones3, Venencia no tiene nada que envidiar al muro.
Acquaforte no es una novela que trate únicamente de la aiunteri Beate y el maestre de festejos Giacomo ni de las traviesas Beate y Lara; Acquaforte crea una Venecia nueva y con cada paso de los personajes vamos caminando por sus calles, conociendo sus costumbres y entendiendo por qué la ciudad está encerrada en sí misma. Pero tampoco es una novela sobre una ciudad y los personajes son una excusa: los personajes son uno de sus puntos fuertes. La guardia femenina homogénea y anónima que son las aiunteri, a las que vamos conociendo y descubrimos que no es tan homogénea ni anónima, la forma una masa de personajes interesantísimos bien formados que te dejan con ganas de conocer más de cada una de ellas. También salimos de palacio y exploramos el pasado de las aiunteri y de Beate: familia, padres, amigos...
Las guerras de poder en el palacio, que apenas llegamos a intuir gracias a Giacomo, podrían haber sido el eje central de la novela. La historia y la evolución de Lara podrían haber sido el eje de la novela. La historia de Venecia y sus nobles, que solo llegaremos a esbozar a modo de anagnórisis final, podría ser también el eje de la novela. Sin embargo, todo esto son detalles que vamos hilando a medida que vamos descubriendo la ciudad, que Beate profundiza en sus allegados y vamos conociendo a los personajes a fondo.
Todos estos elementos se van combinando en una historia difícil de describir, original y llena de detalles, de grandes descripciones, de lugares únicos y de un ambiente muy especial.
Me da miedo cuando relacionan Acquaforte con el steampunk, quizás porque el steampunk como género me ha decepcionado y Acquaforte me ha gustado mucho. Esta novela tiene una ambientación steampunk, pero no es una historia de aventuras ni de armas extrañas, científicos locos ni medios de transporte a carbón. Es una historia pausada, de descubrimiento, de conocer a los personajes y entender sus motivaciones. Sí es una historia de lujo renacentista, de máscaras venecianas, corsés y un poquito de mecánica analógica, pero es lo único que lo relaciona con el steampunk tal y como ha avanzado el género.

Acquaforte tiene un ritmo que me ha recordado a 20millones3: tiene un inicio muy potente, una meseta que te hace que te acomodes de la mitad en adelante... y cuando crees que la historia está cerrada, que no tiene mucho más que ofrecer, ocurre el equivalente a fuegos artificiales, una guerra y un terremoto todo en uno para dar tres últimos capítulos de infarto que le dan la vuelta a la novela y a la ciudad varia veces seguidas sin haber podido preveerlo.

Acquaforte de Paz Alonso está disponible en Lektu (pago social) y es la segunda novela de Paz Alonso. Su última publicación son dos relatos de ciencia ficción, Basura espacial.

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13 de enero de 2017

El cuento no vende

Recomendación antologías

El cuento no vende y nadie lee cuento”, me sorprendió escuchar en abril de este año pasado a un editor en una mesa redonda que se llamaba “El esplendor del cuento”. La mesa redonda, por lo menos a la parte que asistí ya que, como no pude aguantar la ristra de tonterías que se estaban diciendo, por educación me fui, giró en torno a esa premisa: el cuento es un suicidio editorial, nadie lee cuento, las antologías no venden. Hay grandes relatistas, pero.
Desde pequeña me gustan los géneros cortos, y ya antes de entregarme a la fantasía y la ciencia ficción disfrutaba con los cuentos: Carlos Casares, Raymond Carver, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo... Una vez dentro del género me guío más por editoriales (Fata Libelli, Sportula o los antólogos Mariano Villarreal y Marcheto) que por autores concretos, aunque leer a Ken Liu, Susana Vallejo, Tim Pratt, Mary Robinette Rowal... siempre son aciertos seguros. Llevo desde pequeña comprando, leyendo y difundiendo antologías. No quería llevarle la contraria desde un primer momento a un editor, que se supone que sabe más que yo, pero me parecía muy raro lo que estaba diciendo. Lo achaqué a que es un editor realista de los que desprecian el género y no conoce los mundos maravillosos que esconde.
Porque en el género sí creo que el cuento está vivo y es codiciado, a pesar de que en España menos que en otros países. Ken Liu se ha forjado su carrera a base de escribir cuentos magníficos; la novela ha venido cuando ya se había hecho un nombre muy grande. En los Hugo y en los Nebula las categorías de formas breves se miran con tanto ojo como las de novela. Las revistas, tanto de pago como gratuitas, incluyen cuentos en cada número, y al final de cada año se hacen grandes recopilaciones de lo mejor de cada una. Y no hablemos de los clásicos: Lovecraft, Poe... la parte de su obra más conocida son sus cuentos. Cuando empiezar a leer a Lovecraft no empiezas por La sombra sobre Innsmouth; empiezas por Los mitos de Cthulhu. Tenemos grandísimos relatistas, tenemos una gran cantidad de publicaciones cada mes y tenemos tradición de leer relatos. No podía creerme que publicar una antología de género, para una editorial, fuese sinónimo de perder dinero. Así que escuché a otra gente.

En el Niebla tuve la suerte de que hicieron otra mesa redonda sobre el cuento. Pero en este caso, participaba gente que conocía y en la que confiaba. Casi como poniéndomelo en bandeja, la titularon: “El triunfo de las antologías o 'es que los relatos no venden'”. Participaron Ricard Ruiz (antólogo y a quien siempre es una gozada escuchar), Felicidad Martínez (escritora que acaba de publicar una antología propia, además de ser cercana a la editorial Sportula), Mariano Villarreal (antológo) y Leticia Lara (blogger, podcaster y en general, experta en el género en los mundos anglosajones).
Ya desde el principio Ricard Ruiz me llevó la contraria: es cierto que el cuento no vende. Como norma general, las antologías venden menos que una novela. Sin embargo, siguió explicándose: el cuento no vende, pero es necesario.
El cuento crea lectores. Es breve, es intenso, es emocionante y no te hace perder el tiempo. En unas pocas páginas sabes si valió la pena o no: la inversión de esfuerzo es mínima a cambio de una gran recompensa. Hay escritores de género breve magníficos que son capaces de enganchar a las páginas a quien no es capaz de hacerlo con una novela. De nuevo, es una cuestión de tiempo y esfuerzo. A la novela hay que darle margen para que te meta dentro, especialmente alguien que no lee. Sin embargo, el deber del cuento es sumergirte en el conflicto en unas pocas líneas, porque no tiene tiempo para extenderse. Los relatos pueden ser una vía de entrada muy cómoda y gratificante para nuevos lectores.
El cuento explora géneros. Como lectores ya experimentados, si queremos conocer un género nuevo, es mucho más sencillo y efectivo agarrar una antología temática. Si no es para ti, puedes abandonarlo sin haber invertido tiempo, y en muchas ocasiones, dinero. Si te gusta, es una lanzadera perfecta hacia los autores que lo cultivan, hacia los temas que trata y los personajes que maneja. Además, el cuento puede permitirse explorar temas muy concretos y de actualidad que le costaría tratar a una novela; es el género perfecto para salirnos de nuestra comodidad y arriesgarnos con algo nuevo.
Ricard abrió un poco de esperanza para los cuentos en un futuro próximo: tal y como está diseñada nuestra sociedad y hacia donde nos encaminamos, el cuento es el género que mejor se adapta a nuestras prisas y nuestra falta de tiempo. El cuento tiene la extensión perfecta para leer en el metro camino al trabajo, en un hueco entre clases o en alguno de esos pequeños espacios de tiempo perdido que tenemos día a día. Leer una novela a fragmentos de 15 minutos se puede hacer interminable, pero encontraremos cuentos que nos llenen esos huecos. El cuento es el género del futuro, y ya hay máquinas expendedoras de cuentos en algunos metros.
El cuento es necesario, pero el cuento no vende. Menos lo que firme Mariano Villareal, porque A la deriva en el mar de las lluvias fue el título más vendido de Sportula en 2016 y Castillos en el Aire el 3º. Pronto termina un crowdfunding que puso en marcha para editar una nueva antología Dark Fantasies, recaudando casi el 150% de la meta inicial.

Extra: 
Para terminar la mesa redonda del Niebla, se propuso a cada ponente que recomendase un cuento. Estos son los nombrados:
"El zoo de papel", de Ken Liu (publicado en Terra Nova I; la antología homónima sale en mayo de 2017)
"El círculo de Jericó", de César Mallorquí (publicado en una antología homónima)
Dieciocho engranajes, antología de Nieves Delgado
"La epopeya de los amantes", de Miguel Santander (publicado en Terra Nova III)

Personalmente, no hace mucho hice una lista con Mis 10 relatos favoritos por si estos cuatro se hacen pocos. Porque el cuento me encanta y seguiré leyendo cuento, y atrayendo a más lectores a él.

El cuento es maravilloso. Y tiene futuro, porque está enganchando poco a poco a más lectores. El señor editor está convencido de que el cuento es un suicidio editorial, y se está perdiendo un género incomparable.

Imagen cogida del Facebook del Festival Niebla.
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Suficiente blog por hoy. ¡A escribir!