Por qué no creo que sea útil sustituir Harry Potter por otros libros de escuelas mágicas

Es un tema cíclico. Cada vez que La Interfecta habla, o cada vez que se rememora algo de los libros, cuando salió el videojuego o ahora con el anuncio de la serie inminente, volvemos a repetir la misma conversación.
JK Rowling es una de las peores personas del planeta. JK Rowling no solamente es una tránsfoba declarada, si no que admite abiertamente y burlándose de sus fans que parte del dinero que recibe lo dedica a acciones anti trans. Ha financiado campañas que provocaron cambios legales en el Reino Unido y acosa de manera individualizada a personas trans en su vida cotidiana. Lo último que sabemos de ella es que tenía relación con Jeffrey Epstein. Es una mujer que hace daño a propósito, y que se vanagloria de hacerlo. Y esto no es una cosa de dos días o un par de comentarios; en Glamour (y en otros lugares más) han hecho un resumen de su trayectoria del odio y corta no es.
 
Un tren con locomotora a vapor circulando por un puente de piedra.
  
Consumir productos relacionados con Harry Potter (y digo "consumir" en el sentido más tradicional: comprar productos o gastar dinero en ellos) es darle dinero a los movimientos tránsfobos. No es una teoría: es un hecho confirmado por la hemeroteca y por ella misma.

Sin embargo, Harry Potter ha sido muy importante para la generación de lectores de alrededor de 1990. Son libros con los que fuimos creciendo, una historia que nos ha acompañado durante muchos años, y son personajes en los que nos hemos visto reflejados. Cuando pasábamos por las incertezas y los cambios que acompañan a todo adolescente, siempre los tuvimos ahí. Hogwarts era un lugar que aceptaba a los inadaptados, era un castillo que acogía a quien se sentía perdido y le daba un lugar en el que sentirse querido y apreciado. Por supuesto que se convirtió en un lugar ideal al que le cogimos cariño.

Y ahora nos vemos en una encrucijada: seguir aportando dinero a la franquicia es contribuir a hacer daño a gente real. Pero esta ocupa un lugar muy emocional en nuestras vidas. Renunciar a ella no es tan fácil como a una historia que conocimos hace un par de años o por la que hemos pasado sin más.

Para hacer esta encrucijada menos difícil y para ayudar a la gente a alejarse de seguir dedicándole dinero a ella, otra gente, bienintencionada, cada vez que sale el tema, se preocupa de hacer listas de recomendaciones de historias parecidas. Suelen ser historias de niños magos, o de escuelas mágicas, incluso escuelas mágicas en castillos. He visto recomendadas Witch Hat Atelier, la Escolomancia de Naomi Novik, la saga de los niños descarriados de Seanan McGuire, Crónicas de Narnia de CS Lewis, El hogar de Mss Peregrine para niños peculiares de Ranson Riggs, la saga de Terramar de Ursula K LeGuin, e incluso Las crónicas de la torre de Laura Gallego.

Son buenas recomendaciones, y todas pueden tener su parecido con Harry Potter, pero creo que son todas desacertadas.

No cuesta renunciar a Harry Potter porque gusten los libros de fantasía y escuelas mágicas. Cuesta renunciar a él porque nos acompañó durante nuestros años formativos. Cuesta porque quizás fueron los primeros libros que nos mantuvieron una noche sin dormir. Porque todas las niñas queríamos ser Hermione: inteligentes, con recursos, responsables y con buenos amigos. Porque queríamos vivir en un lugar seguro y estable, pero que nos daba libertad para divertirnos sin supervisión adulta y que nos ofrecía retos y peligros que siempre podríamos superar.
Aunque la Escolomancia de Novik o Carry On de Rainbow Rowell se desarrollen en una escuela mágica en un castillo y sus personajes pasen por situaciones parecidas (Carry On empezó como un Darry, son de hecho los mismos personajes), esas recomendaciones nunca van a valer de nada. Porque no tienen lo que vamos buscando: nuestro pasado.
Puede haber dragones, niños magos, callejones mágicos, familias encontradas, magos oscuros, personajes de alianzas ambiguas; pueden tener todo lo que quieran. Esas recomendaciones no funcionan porque no son Harry Potter.
Es emocional, no es literario.

Aprehender que no vamos a encontrar en ninguna otra saga lo que encontramos en la primera es mucho más útil que una recomendación de otra historia que pueda parecérsele, pero no va a ser la misma. De hecho, personalmente, he intentado leer tanto Carry On como la Escolomancia y no pude pasar del primer capítulo porque todo el rato lo parece, pero no lo es.

Tenemos que aceptar que han utilizado nuestras emociones y nuestra adolescencia para hacerle un daño infinito e irreparable a mucha otra gente. Y que si les permitimos continuar haciéndolo porque pensamos que los temas trans nos son ajenos y nunca nos van a afectar, al contrario, este daño nos acabará repercutiendo a todas directamente (ya lo está haciendo).

Aprender a renunciar a esa parte de nosotros es lo más responsable que podemos hacer. Tenemos que aceptar que la emoción de esas primeras noches leyendo "solo un capítulo más" no va a volver; que es algo que no se puede repetir. Nunca vamos a volver a adentrarnos en la segunda mitad de El prisionero de Azkaban por primera vez. Nunca vamos a volver a imaginar cómo son la escaleras cambiantes por primera vez, o el escalofrío al leer a la Sra. Norris petrificada en el pasillo. Todas esas cosas ya pasaron, y no hay nada, absolutamente nada, que nos haga volver a vivir esos momentos. Esos momentos ya pasaron y fueron nuestros. No hay un videojuego, ni una serie, que vayan a replicarlos. Ni tampoco, aunque ojalá sí lo hicieran, otra saga parecida pero no.

Un periódico como los que hicieron para las películas. Alguien lo sostiene, tapado por él.

Podemos leer, recomendar, buscar, incluso escribir, todos los libros de escuelas mágicas que queramos. Pero no es una historia lo que estamos buscando. Es algo irremplazable que no vamos a encontrar en ninguna de ellas.
Ojalá este hueco pudiera llenarlo otro niño en otro castillo con otra varita mágica. Pero aceptar que nunca va a volver es también parte de crecer y madurar y tomar las riendas del presente y del futuro.

Creo honestamente que debemos dejar Harry Potter atrás. Yo misma, que hacía una relectura anual, que pasaba el año leyendo fanfic o buscando teorías y que escribí una cantidad que no creeríais de artículos analizando la saga (que se quedaron a medias porque todo esto explotó), he renunciado a ella. Llevaba años sin pronunciar el nombre de Harry Potter antes de este texto, después de haber sido un ancla en años difíciles de incertezas e inestabilidad.
El confort que me puede ofrecer a mí no es nada comparado con el daño real, tangible y diario que esta mujer está ocasionando a grandes grupos de gente; algunos de ellos, amigos míos. No hay nada que justifique seguir dándole dinero, proporcionándole atención o, si queremos decirlo de otra manera, capital social. Es responsabilidad nuestra, de manera individual, y de manera colectiva siempre que podamos, arrancarle la atención y hacerle llegar cuanto menos dinero posible a JK Rowling.

El día que se muera, volveremos a hablar del tema.
De momento, atesorad los recuerdos y superad Harry Potter.
 



Si tenemos que buscarle un sustituto, yo siempre recomendaría el fanfic. Hay una cantidad inabarcable de historias en todas las lenguas, se puede seguir la historia de cualquier personaje, se puede leer la misma una y otra vez contada de diferentes maneras, tienen una calidad literaria más adulta y más interesante que la saga original, se pueden buscar historias alternativas, y no repercutirá económicamente nunca en ella.
 
Imágenes de Bryan Walker y Angel Sanchez en Unsplash

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